Un hombre General Electric

Hace muchos años, cuando tenía la costumbre de leer historias bonitas, me encontré con algo del señor Francisco Garzón Céspedes que me pareció gracioso pero en el momento no entendí. Me disculparan por no tener el título de tal relato, pero lo cierto es, que después de esto, ustedes sentirán que lo leyeron conmigo. La cosa iba más o menos así… Una chica tenía una gata, y era una gata maravillosa, pues los gatos (y digo esto con experiencia propia) son maravillosos. Su gata además de la maravillosa cualidad de ser gata, poseía una un poco más especial. Cada vez que maullaba, lanzaba monedas de oro por su boca. Su dueña con la maravillosa cualidad de ser dueña, soñaba que iba a hacer con estas monedas… Y ahí es cuando mi reflexión comienza.

Ella iba a comprar ropa, por supuesto, en que otra cosa piensa “una” cuando tiene más de dos centavos en el bolsillo?.. Ella iba a comprar una casa, una a su soberano antojo, con el garaje que necesita para todos sus vehículos. Iba a comprar también yates y joyas, conocería el mundo y se dedicaría a multiplicar su riqueza. En definitiva y para no hacer esto más largo, esta mujer se iba a dar absolutamente todos los lujos con los que cualquiera de nosotras, en algún punto de la vida, sueña.  Pero no es de esto de lo que quiero hablar. Esta mujer, maravillosa mujer me dio hace 15 años la clave del éxito para la búsqueda de hombre en la vida. Con sus  monedas de oro ella habría de comprarse un hombre, un hombre marca General Electric, no quería marcas nacionales. No!!! No quería ni siquiera marcas argentinas o brasileñas… su objetivo estaba fijo en un hombre rubio, alto y musculoso, de procedencia forastera y con todas las habilidades de un buen electrodoméstico… Por supuesto que luego de esto, ella seguía fantaseando con todos los juguetes de los que este hombre debería venir acompañado. Y además se jactaba de cómo iba a tener el control de todo.

Todas necesitamos un hombre marca General Electric. Y no se a ustedes, pero a mí: El mercado local me tiene abrumada, el piropo de la calle me va a hacer parar en la cárcel por agresión física al desconocido y el machismo dominante del sector me va a convertir a mí en aspiradora, nevera, cocina y muñeca inflable al mismo tiempo. Yo sí necesito un hombre General Electric, con menú en varios idiomas y botones de comando. Yo sí necesito un hombre General Electric, que sea una máquina en la cama y otra en la cocina. Un hombre que el día que me de críos, puedan perfectamente ser bebés Gerber y que por tener todas los atributos de una buena aspiradora no se quiera ir detrás de cualquier escoba… Yo, de verdad, sí necesito un hombre marca General Electric.  

-M

ImagenDeReferenciaGoogle

Mi hombre General Electric

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