Me fui de vacaciones con mi ex… no le cuenten a nadie

5f4a03a1f06f54a508deceae05824420Él llegó y me dijo: ¡vámonos! y yo respondí: ¡vámonos pues!, al principio todo fue muy paradójico, ¿Somos? ¿No somos? ¿Seremos?

Los dos primeros días: rarísimos, yo en mi mente iba recordando y recontando los detalles que no dejaron que nuestra convivencia triunfara en el pasado, y ahora con menos sentimientos de por medio solamente sentía como en mi cerebro rechinaban todos sus vicios y malas costumbres, me auto evaluaba y me preguntaba a mi misma mil cosas: ¿Qué tan mal de la cabeza estuve, en un pasado, para que me gustara esto? ¿Por qué dije que sí? ¿Por qué no me quedé en mi casa? Jueeepuuuuchaaaaa ¿A qué hora sale el próximo vuelo? ¿Qué tan lejos estoy del aeropuerto? ¿Dónde está el terminal? ¿Cuánto me vale la máquina teletransportadora pa’ irme pa’ mi casa?, me ensimisme, -lo acepto-, siempre me pregunto muchas cosas cuando me quedo callada.

Al tercer día de estar como perros y gatos hablé, pregunté, dije, y resulta que me enteré que del otro lado, o sea del suyo, mi silencio estaba matando, y fue así como en medio de una conversación no planeada, en un restaurante de una concurrida zona de una ciudad de viajeros, incómodamente llegamos a las preguntas a las que nunca queremos llegar, o por lo menos yo nunca quiero, ¿Qué fuimos? ¿Qué somos? ¿Qué seremos? Mi respuesta: Pues nada… obviamente.

Mi afirmación fue descorazonada, con un tono tan seco que no tuvo derecho a réplica, sin embargo, fue la clave para que se alivianaran los pesos y el resto del viaje transcurriera (medianamente) en paz.

Fue como una pequeña luna de miel, sin miel -orgullosamente-. Dos semanas después llegamos de regreso a la ciudad, a la vida real y a la separación. No niego que quedé con un vacio en la vida, que me duró aproximadamente hasta que me acosté a dormir. Ahora, viéndolo todo en retrospectiva, pasé unas vacaciones muy divertidas con mi ex, menos mal que no había vuelos disponibles a esas horas que me entraba el desespero, menos mal que siempre estuve muy lejos del aeropuerto, menos mal que nunca supe donde quedaba el terminal y que no tenía medio peso en la cartera.

PD: Para contar este chisme completo necesitamos ¡Dos Expressos! ¡Por favor!

-C.

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