De la memoria: parte 2. “La mía en cambio… ¡No es para nada selectiva!”

Ya leyeron sobre las maravillas de tener una memoria como la de –C. Ahora yo les voy a contar lo tormentoso que es tener una memoria como la mía. Ella es lo que yo suelo llamar ¡desagradable!. Recuerdo lo que dije, lo que el otro dijo, lo que pasó por mi cabeza pero mi boca no fue capaz de decir… Incluso que comí hace tres semanas y a quien estaba texteando en ese momento mientras veía un capítulo de friends del que por supuesto, me se los diálogos al pie de la letra. Si bien es cierto que disfruto de mis buenos recuerdos casi como en una película de alta definición. También tengo que cargar con el peso de no olvidar esas cosas que pagaría por sacar de mi cabeza. Es inevitable para mi recordar lo mucho que la he cagado (Un momento… ¿puedo usar el verbo cagar en este sitio?… Diré que si) también, y aun peor, es inevitable para mi recordar lo mucho que el resto del mundo la ha cagado conmigo y desgasto una cantidad de energía absurda fingiendo que lo he olvidado.

Dicen que recordar es vivir. Imagínense que a mi aun me causa escalofríos pensar en un beso súper maluco que me dieron cuando tenía como 14 años. (Quiera Dios que ese hombre por fin haya aprendido a besar). De igual manera se me revuelve el estómago cuando se vienen imágenes a mi cabeza de ese que tenía la ropa interior rota en el momento en que lo desvestí y el premio, por supuesto, se lo lleva el peor polvo de mi vida: un hombre grande con un miembro muy pequeño y las habilidades de movimiento de un pedazo de madera. Luego de 5 minutos del sexo más aburrido de mi vida (¡Sí! Se vino en 5 minutos) el muy atrevido pronuncio las palabras más osadas que he escuchado: “Ahora no se vaya a enamorar de mi”. Lo recuerdo todo, como si fuera ayer. Mi reacción fue casi explosiva, su cara fue de una sorpresa incontenible y todo lo que vino a continuación lo quisiera olvidar…

Si me dieran a elegir que más olvidar… sacaría de mi cabeza todas las despedidas de mi vida. Las lágrimas, los aeropuertos. Las facturas de mis compras compulsivas de los últimos muchos años me atormentan un poco en esas noches en que mi cabeza está súper activa mientras la ciudad duerme, así que esas las sacaría también. Lo que me comí ayer, para hacerme la pregunta cliché de que será lo que me está sacando estos gorditos. Uuuuy… ese, ese que me comí por desparche. Todas las veimages (1)ces que mi media mitad se ha enojado conmigo. Todas, todas las escenas de las buenas películas para poder verlas una y otra vez sin que me aburran. Sacaría esos pequeños detalles de los hombres de mi vida que creo que solo yo recuerdo para dejarlos ir como Dios manda.

No lo negaré, mi memoria es muy útil. Me permite hacer exámenes sin estudiar, me permite recordar todos los números telefónicos que necesito, donde los necesito y cuando los necesito. Me ayuda a ser la que siempre tiene las respuestas a esas cosas que a todo el mundo le da demasiada pereza almacenar. Tambien me hace ser el ser humano detestable que siempre se conoce todas las piezas del closet de alguien y recuerda con exactitud las ocasiones en las que las ha visto. Me permite tener en cuenta cosas sobre las personas que posiblemente solo me mencionaron una vez de manera muy vaga. En realidad, me ayuda a ser el ser adorable que soy. Sin embargo, me gustaría que aprendiera un poco de la memoria de mi media mitad para solo tener en mi cabeza citas en lugares bonitos, con hombres franceses y copas de vino…

-M

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