¡Me rindo!

Antes de empezar a contarles mis historias como ya es costumbre, les pido disculpas de aquí a la luna por esta larga ausencia y hago una promesa pública de volverme a encarrilar por el camino de las letras, hoy NO vengo a contarles una historia de lujuria, pasión y lágrimas, no, todo lo contrario.

Resulta que después de mucho análisis y un par de citas infructuosas me rendí, yo se que suena un poco extremista y resignado, pero sí, me rendí.

He decidido que ya no voy a buscar más principes ni azules, ni verdes, ni rojos, ni sapos, ni lagartijas, ni serpientes, estoy cansada. Siempre que veo a algún hombre medianamente (y hago énfasis en el “medianamente”) decente, que podría atraerme un poco, o está ocupado o es gay o es más enclenque que yo. Sí, eso me ha pasado y eso vengo a contarles.

Enclenque. (Def. DRAE)

1. adj. Débil, enfermizo. U. t. c. s.

 

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Un día me llené de valor y después de varios meses de aburrimiento, tuve una cita a ciegas (maldita sea, nunca vayan a una cita a ciegas), resulta que el hombre en fotos era encantador, por mensajes aún más y en persona era la confirmación de todas esas características de un hombre perfecto, pero como la perfección no existe tenía un problema, era muy flaco y más bajito que yo.

La cita transcurrió normal, hasta que ese hombre se levantó para ir al baño, en ese momento caí en cuenta que cuando me parara al lado de él todo iba a ser un desastre, que una de mis piernas hacían las dos de él, que si me le sentaba encima lo iba a aplastar, que él nunca me iba a cargar, que probablemente yo lo tendría que cargar a él y que si algún día vivíamos una situación miedosa yo sería la que tendría que defendernos a ambos porque seguramente él se escudaría conmigo, quise meterme debajo de la mesa, me acordé lo que siempre le dicen a uno -en las películas-: nunca vayas a citas a ciegas, nunca salen bien.

La cita concluyó y mientras nos despedíamos ese hombre me invitó a cenar al día siguiente, y yo, como tengo un pequeño problema de socialización, dije “sí” pensando en un “¡NO!”, me subí al taxi y llamé a mi media mitad para contarle mi terrible experiencia (y ahora que recuerdo ella también estaba huyendo de una cita en ese momento, pero esa es otra historia). ¿Cómo era posible que un hombre perfecto fuera más enclenque que yo?: INACEPTABLE.

Llegué a mi casa y mi autoestima estaba confundida, el orgullo se estaba escondiendo debajo de la cama y mis ganas de volver a salir con un hombre, mujer, persona, animal o cosa se habían lanzado al vacío por el balcón.

Espero que me comprendan, me declaro zona árida y ¡ME RINDO!

-C

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