Te estoy dejando Serafín.

kinopoisk.ru“Te estoy dejando…”, de las veces que he escrito y reescrito este mensaje ya perdí la cuenta. Tengo por decir que esta historia está hecha para una persona o varias, está escrito para él, para ella, para ti y para mí, porque de esto nadie se salva, por una razón u otra todos hemos dejado a alguien.

Hoy no les tengo ninguna chocoaventura, en cambio traigo un problema complejo porque desde hace días estoy intentando estructurar un texto en el que quiero explicar que estoy dejando a alguien, ya que considero que hacerlo por escrito adjunta una formalidad que exige cierto grado de compromiso y perfección en el contenido, que no vaya ese hombre a pensar que es un chiste o simplemente una publicacioncita para mi blogcito de mujercitas, y aunque me pude haber remitido a escribir mensaje de texto con un simple “Adiós” dirigido exclusivamente a él,  no quise dejarlos a ustedes por fuera.

Empezaré por darle un nombre al individuo, de ahora en adelante lo llamaremos Serafín y el resumen es que aunque no tenemos nada, lo estoy dejando.

Mi historia con Serafín ha empezado varias veces, por ejemplo, todas las veces que nos tuvimos que ver para poder decidir si sí o si no, mi historia con Serafín ha terminado varias veces, por ejemplo, cada vez que me enojo y no quiero volverle a contestar o llamarle, mi historia con Sefarín ha sido de peleas y reconciliaciones, ha sido de celos e indiferencias, de músicas y silencios, de chistes muy malos y algunas lágrimas. Sí, mi historia con Serafín ha sido una historia como cualquier otra, no ha pasado nada extraordinario… y por eso lo estoy dejando.

A estas alturas de mis 26 pisos aun no tengo muy claro si estamos -me refiero a mi media mitad y a mí- en este mundo para ser serias o para jugar con los hombres. Y no miento a veces quiero jugar y me pego unas enredadas terribles y termino más comprometida que quien sabe qué, y a veces todo lo contrario, quiero ser seria y me va peor que a perro en misa, cachos por un lado y por el otro.

Mi media mitad y yo creemos que a nosotras no nos queda nada con lo que podamos amar -más que con las piernas-, o sea, no tenemos corazón y tampoco nos hace falta, lo que tenemos es esa sensación del órgano fantasma, que no es más que sentir que a veces le late a uno el corazón por la costumbre de haberlo tenido allí hace algún tiempo -cosa que también me pasa con las cordales-, entonces sufrimos por unos seres por los que finalmente no sentimos nada.

Cuando creo que tengo corazón y sufro por Serafín y sus bobadas, mi media mitad me trabaja psicológicamente y me hace regresiones en las que me hace recordar a mis amantes de tiempos pasados, hombres grandes, fuertes, sensuales y envidiables que me amaron con locura y con pasión, luego me hace regresar al presente y comparar aquellos reyes griegos con Serafín, y es algo cruel (para el pobre Serafín) porque él nunca podrá alcanzar esos estándares de belleza, entonces me hace pensar en esa reflexión que nos enseñó a los gritos aquella caleña cuando el taxi no nos quiso llevar y me quedó grabada para siempre: “¡De mejores camas me he caído!”, porque es cierto Serafín de mejores camas me he caído y no creo que haga mucha falta explicarlo.

Adiós Serafín, tal vez mañana por la mañana te vuelva a recoger y por la noche te vuelva a tirar al piso, pero lo que importa es el ahora, y en este momento te estoy dejando Serafín.

-C

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