El próximo que venga con manual…

Y dos expressos para llevar… ¡Por favor!. Honestamente, esto sin café ya no es posible.

Hace muchos días me he sentido incapacitada para escribir pero por fin encontré la razón. Yo no entiendo a los hombres. Es vergonzoso admitirlo a estas alturas de la vida y habiendo recorrido ya, cierta parte del camino. Los he tenido de distintos tamaños, nacionalidades y colores. Los he tenido mayores y menores. Los he tenido deportistas y artistas. Los he tenido entregados a Dios y otros sin credo ni religión y cuando creo que la recopilación de esa base de datos me sirve para algo, solo descubro que sigo sin tener ni idea de que hay que hacer para tenerlos sin aburrirlos y sin que me aburran.

Mientras unos me tildan de superficial, a otros les atemorizan mis tres dedos de frente. A algunos les intimida mi labial vinotinto mientras que a otros les preocupa que prefiera salir en tenis y con los jeans rotos. Si soy amigable con los amigos de mi chico de turno, me acusan de coquetear con todo lo que se mueve pero si por el contrario intento ser seria y poner ciertos límites, entonces soy una amargada y antipática a la que es mejor no sacar de la casa. Así como he tenido que escuchar que mi problema es pensar demasiado como un hombre también he contenido la risa ante comentarios como: “¿puedes dejar de ser tan mujercita?”.

Muy seguramente cualquier troglodita que me lea creerá que la vaina es tan fácil como diagnosticarme con bipolaridad pero me les adelanté y voy a declararlos a todos con incapacidad para reconocer la complejidad de una mujer de la vida real. Es que vamos a estar claros, las mujeres no venimos en dos dimensiones y ustedes, a quienes tanto les gustan los volúmenes de un cuerpo curvilíneo deberían saber eso mejor que nadie. Un sinfín de veces hemos escuchado, visto y leído a hombres quejándose de lo difícil que es tratar con las mujeres pero ninguno le ha dedicado ni un segundo de su tiempo a pensar en lo complicado que es lidiar con hombres, con su indecisión, con los procesos tardíos de sus mentes.

Y es que aunque aquello de los procesos tardíos me da para otras cinco entradas, debo darles un adelanto y decirles que también me pasa que hay quienes se dan cuenta que me quieren, años después de que lo nuestro caducó o muy por el contrario, hay quienes pierden el interés en mi tan pronto se dan cuenta que puede llegar a ser algo mutuo.

Por eso y para evitar más contratiempos, le pido al siguiente chico que quiera involucrarse conmigo que traiga un manual de uso, en el idioma que quiera y con ilustraciones si lo cree necesario. Que especifique sus componentes, sus instrucciones de mantenimiento y también los consejos para alargar su vida útil. Sería muy bueno añadirle a este manual una tabla numérica con los porcentajes de tolerancia al humor negro y a la ironía. Siéntanse libres que agregarle a su guía de uso una página de sugerencias y una línea nacional de quejas y reclamos.

De pronto así, dejo de estar en el limbo de las relaciones interpersonales y me doy cuenta de una buena vez por todas si soy material de un junte eterno o si tengo que seguir coleccionando gatos hasta el fin de mis días. Aunque claro, esto sólo lo sabré leyendo sus manuales y tomándome dos o quizás más, expressos.

-M

 

 

 

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