Después de la tercera cita…

Haré una breve introducción para contarles algo adicional sobre mí… La tecnología y yo, no nos llevamos bien. Cuando comenzamos a escribir para este blog, yo ni siquiera hacía mis entradas directamente. Siempre escribía un documento y se lo enviaba por correo a C. Ella, un día, aburrida de hacer el trabajo por mí, me sentenció y desde entonces soy yo quien cuelga mis posts, como deber ser. Le cogí tanta confianza al asunto, que empecé a escribir directamente aquí, sin pasar por aplicaciones de escritura previa… Hoy y de nuevo bajo sentencia, publiqué esta entrada y me fui al gimnasio muy orgullosa de haber cumplido con mi responsabilidad. Cuando estuve de vuelta, en la pantalla de mi celular había un mensaje y una foto: “M, ¿Qué hiciste?” La verdad, no tengo ni idea qué hice… lo cierto es que publiqué una entrada vacía y ahora… por el compromiso que tengo con ella y sobretodo con ustedes, intentaré reconstruir lo que se supone, debió estar aquí escrito desde hace dos horas… deseenme suerte.

Me conocerán ustedes lo suficiente para saber que no vengo a hablar de ninguna regla improvisada sobre el momento adecuado para tener sexo con alguien cuando se empieza a salir. Vengo a hablar, de un fenómeno que veo, he experimentado en mi vida de soltera buscando cambiar de estado, aunque no civil, por lo menos de Facebook. (¡No se alarmen! esto es un chiste. No soy de las que anuncia que está en una relación en redes sociales).

La historia es la siguiente: hace ya un par de semanas, conocí un grupo interesante de chicos que podrían resultar, para cualquier mujer normal, muy buenos partidos. Yo por supuesto, no me sentí ni siquiera levemente atraída por ninguno de ellos. Especialmente, por el hecho de que todos parecían tener cierto interés en mí y ustedes bien saben como funcionamos las mujeres, nunca pero nunca, queremos nada de primerazo con los chicos buenos. Entre tanta amabilidad y buenas intenciones de parte de todos los integrantes de este combo, había un chico, siempre alejado y un tanto desinteresado de todo y de todos, lo suficiente como para llamar mi atención y es que como me postearon recientemente en mi muro de facebook y con referencia gatuna incluida, a mi me gusta ser ignorada. Creo que incluso, mi media mitad iba taggeada en este halago, como siempre nosotras, compartiendo defectos. Teniendo el recuerdo de la tarjetita ofensiva en mi cabeza, todo parecía muy claro, era él quien me gustaba.

Frecuentamos los mismos lugares un par de veces sin que él pareciera tener interés alguno en mi, hasta una noche en la que me fui de parranda con mis amigas y él fue al mismo lugar (pensé que había sido una casualidad… luego me confesó que no) Después de invitarme, no sólo a mi, sino también a mis amigas un par de tragos, mi lógica decía que había llegado el momento de bailar y coquetear (esa maravillosa táctica que mi media mitad y yo tenemos tan bien dominada) Así hice, hasta muy altas horas de la madrugada, cambiando por completo la dinámica de la situación. Desde la mañana siguiente, no faltaron las invitaciones ni los cumplidos. Yo, que soy fanática del dating, asistí muy complacida y con outfits muy bien planificados a mis tres primeras citas que además debo agregar, fueron una tras de otra. Todo parecía ir muy bien, incluso me daba la impresión de ser muy serio y el hecho de que no me había ni siquiera besado me estaba asustando más que si hubiese tenido sexo divertido en la primera cita.

Todo suena bien ¿no? Ni siquiera parecen cosas mías… Pues aquí viene la queja. Como si un hechizo se rompiera, mi cuarta cita fue súper desencantadora. No me parecieron graciosos sus chistes de los días anteriores, no tuve una conversación fluida, no me sentí a gusto con sus comentarios hacía mi. Sencillamente, la magia se había acabado y él se convirtió en un tipo normal. Por el contrario79a748d2289c4189a092c6b10588a881, él parecía estar disfrutando de mi compañía más que antes. Incluso y sin darles muchos detalles, puedo decir que su trato se volvió cariñoso y dócil… quizás muy rápido. Estos días, sólo me han hecho pensar que tal vez, eso de que quiero dejar de ser soltera es algo que digo por decir, eso es lo que la gente quiere escuchar. Estoy aquí, hablándoles a ustedes de esto para tener el valor de ignorar la cantidad de peros que le estoy poniendo a este chico, pues la pequeñísima parte racional de mi ser, sabe que no son tan graves pero algo terrible me invade y quiero salir corriendo, creo que el temor a las relaciones de pareja es el nuevo monstruo debajo de mi cama y quiero luchar contra él y sino puedo vencerlo, por lo menos quiero invitarlo a tomarse uno o quizás dos expressos conmigo…

-M

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