O todos o ninguno…

Hace muchos días, no pasaba nada, literalmente nada interesante en mi vida. En los últimos meses, estuve cada vez más resignada a que aquello de vestir santos por el resto de la vida, no iba a ser tan grave. Ni siquiera encontraba sobre qué escribir, hasta que después de dos tequilas y dos hombres, en pocos días, la historia ha cambiado y aunque puede ser un mal augurio que les cuente de esto con tan poco tiempo de estar sucediendo quiero que sepan que a falta de alguna buena distracción ahora tengo dos hermosos hombres siendo hermosos y haciéndome morir lentamente. La vida es así, o todo o nada y una vez más vengo aquí con la intención de ponerle una gran queja a las injusticias de esta gran hijuemadre vida.

Por un lado, está a quien llamaremos el nuevo. Un chico, de quien por su condición de nuevo, no tengo mucho por decir aún. Es inteligente, es bien parecido, es muy trabajador y digamos que tiene una vida un poco más que estable. Por otro lado está el otro, este, a quien por miedo a lo mala que he sido manteniendo el anonimato, simplemente le voy a llamar el otro. El otro, tiene las mismas características generales pero es muy distinto al nuevo y además tiene algo, que sigo sin saber si es un pro o contra y es precisamente que no es nuevo. Si nada más leerlo, les parece un trabalenguas, imagínense como será vivirlo.

Con el nuevo, todo gira en torno a conocernos, descifrarnos y encontrar eso que tenemos en común hasta que el ambiente sea realmente cómodo. Con el otro, ese proceso se hizo hace tanto tiempo que ya olvidamos cuando fue y aunque esa información está obsoleta, hay algo extrañamente familiar que me hace sentir en territorio firme. Con ninguno estoy siendo honesta, pero a ninguno quiero dejarlo ir, sigo sin saber que esperar pero sigo esperando, no sé si una revelación divina o quizás el momento en el que alguno de los dos deje de parecer tan buena opción. Lo cierto es, que no he logrado encontrar la manera de disfrutar plenamente a ninguno de los dos y no sé si con esto, los estoy perjudicando, pues siento que no le estoy dando lo mejor de mi, ni al nuevo ni al otro.

Si yo fuese una mujer coherente, no estaría reciclando de la manera tan épica en la que lo estoy haciendo. Menos, después de decirles a ustedes en múltiples ocasiones que quiero un hueco para enterrar a los ex por siempre. Resolvería la ecuación de la misma forma en la que lo hago con mi ropa: nuevo siempre es mejor. ¡¡¡PERO YO NO SOY UNA MUJER COHERENTE!!! Caí bajo el efecto de algo que he llamado la memoria del cuerpo. Pues me ha quedado claro que de la misma forma en la que yo ya no soy quien era antes, el otro, tampoco lo es. Sin embargo, para mí, la esencia del fondo de su ser es suficiente para llenarme la boca diciendo que lo conozco bien aunque sé que no es verdad. El nuevo, no se merece ser comparado ni juzgado como le ha tocado ser por muchos días… ¡Pobre! Nadie le ha dicho que la vida no es justa.

En momentos jocosos como esta tarde de lunes, sentada frente a esta pantalla, pienso que quizás si el curso de mi historia se resolviera fácilmente con el nuevo entonces no tendría más de que escribirles… Con esta excusa para el drama al mejor estilo de Susan en Desperate housewives y mi expresso doble alentaré mi conciencia y los dejaré hasta que algo extraordinario suceda.

-M

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