La vida después de un hombre sexy

Hace unas semanas que me desempeño en una etapa muy aburridora de mi vida, la de desempleada, por ende tengo tiempo para realizar actividades que las personas que cumplen con un horario laboral estable no pueden. En esta fase me he dedicado a retomar las riendas de mi salud mental y física, y por ello me refiero a coquetear y en el gimnasio.

Algunos dicen que levantar en el gimnasio es “mañé” u “ordinario”, pero en este punto cualquier cosa que sirva para elevar la autoestima y hacerme salir del aburrimiento en el que vivo, funciona. No importa qué.

En mi gimnasio hay de todo tipo de clases, desde Yoga hasta CX Work, que es una cosa con cuerdas flexibles que tienes que tratar de halar todo el tiempo, en fin, yo no vine aquí a explicarles sobre las clases que ofrece mi gimnasio, sino a contarles sobre los profesores que dictan esas clases, y es que los hombres están absolutamente deliciosos y las profesoras son unas buenonas. Específicamente hay un moreno con un cuerpo como para sentarse a comer en él –literalmente- (y lo digo así porque no sé de qué otra manera podría describir lo bueno que está), el caso es que le puse el ojo, sin interés de llegar a ningún lado, es decir, solo por mirar –como es mi costumbre-, y contra todo pronóstico ese hombre me lo puso a mí.

Después de hablar con él, intercambiar teléfonos y besos, descubrí que mi fe en la humanidad había regresado sin avisar, sentí que me había revalorizado –un hombre guapísimo me paró bolas, eso no pasa todos los días, aunque ustedes crean lo contrario-, entonces me dije a mi misma: “Mi misma ya no tienes que sufrir más por feos, olvídate de Serafín, de Maluma, de aquel y del otro, es el comienzo de una nueva tú”.

Pero (porque una historia en este blog no existiría si no hubiera un “pero”), cuando pasó el éxtasis del momento y aun recostada en su hombro derecho, empecé a preguntarme: ¿A qué clase de cielo van los sexys cuando los matamos?

tumblr_o4qqzjK7hm1vpqjido1_500Y por matarlos me refiero a conocerle todos los tatuajes que les adornan el cuerpo, y es que luego de unos cuantos encuentros, ese hombre que unas semanas atrás me había parecido indescriptiblemente sexy, empezó a convertirse en un simple mortal, muy común y muy corriente.

Me pasó como cuando uno se va a comer algo con mucha hambre y le encanta y otro día vuelve a tener hambre y repite el menú y así pasa una época de repetir y repetir lo mismo y se empieza a sentir uno aburrido de comer siempre ese platillo, ya no importa qué tan exquisito sea. Así. Dejé de verlo con los mismos ojos. Ya no me interesa repasarle los tatuajes con mi dedo índice mientras estoy recostada en su hombro derecho, ya no me interesa que me hable o que me diga un chistecito malo o  cualquier cosa boba -porque ahora cualquier cosa que dice me parece muy boba-, ya solo me interesa ir a su clase y verlo de lejos, intentando olvidar que es un simple mortal, como yo, e intentando volver a ponerle la etiqueta de platónico que tan deseable lo hizo un día.

Pienso que tal vez si dejamos a los hombres que son extremadamente sexys en la repisa de los intocables y platónicos, y no los bajamos de ahí para matarlos, viviríamos más felices y menos desilusionadas. Aunque a ese hombre sexy tengo que abonarle y agradecerle que me despertó de ese letargo en el que estaba, de seguir tragada de los mismos bobos.

¡Ténganse porque volví al juego!

-C

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