¡Pobre ilusa!

Con esta frase respondió una de mis buenas amigas a la gran noticia que estaba dando otra de ellas en uno de esos grupos de whatsapp que, más que un chat parece una convención de brujas. “Vayan comprando vestido” dijo ella para anunciar que tenía planes de boda. Y aunque ya les hemos contado que a nuestros veintilargos es un tema muy común, la sorpresa de este “compromiso” es que se trata de la unión oficial de uno de esos amores repentinos a los que yo, creo que nunca les he tenido fe.

Con el perd488ac8efba767ea3d6876b436e511e32ón de mi amiga en cuestión, haré un breve resumen de su historia antes de adentrarme en la reflexión que todo esto me ha generado en un día como hoy. Ella vio este hombre un día cualquiera… ¡Ya va! Le tengo que hacer justicia a la historia. Corrijo: Él, la vio a ella un día cualquiera y como en un chickflick de domingo, “se perdió en sus ojos”… ¡Sí! Los ojos de mi amiga, son muy hermosos. ¡No! No hice “awww” cuando ella me lo contó. Después de verse, sin exagerar, algo así como dos o tres veces… Se escribían grandes “TE AMO” en sus cursilerías de redes sociales y todo parecía ir tan de prisa por ese empalagoso camino que me llevaría a vomitar en cualquier momento que simplemente, dejé de prestar atención. Aunque ignorar gente y cosas es totalmente lo mío, fue imposible no fijar mis ojos en la conversación ante palabras como: anillo, boda, damas de honor y pare de contar. Tal como lo escribí en nuestro aquelarre, quizás esta historia resultara color de rosa para ella, gracias a su fe en el amor.

Entonces y pensando un poco en una conversación previa que había tenido con mi media mitad, entendí que para vivir grandes historias de “amor” hay que ser una pobre ilusa. No me tomen a mal, no lo estoy diciendo en tono de “maldita lisiada”, lo estoy diciendo desde lo más profundo de mis creencias, la ingenuidad y las ganas de creer son indispensables para darle rienda suelta al amor. A mí, por ejemplo, esto nunca me pasaría. Ante un: “me pierdo en tu mirada” yo simplemente respondería: “¿Tan poquita creatividad tienes?” ante un “Te amo” repentino yo objetaría que es imposible amar tan rápido a una persona con tantos matices, que no me conoce lo suficiente, que puedo apostar que no sabe cual es mi color favorito… o en el peor de los casos escaparía llena de miedo. No soy de las que toma cualquier rush de química como amor. Quizás, las experiencias previas me jodieron la configuración para siempre y racionalicé en exceso los conceptos del amor.

Posiblemente, muchos de ustedes al leerme, se imaginen una fea resentida comiendo cosas de las que luego se va a arrepentir mientras escribe estas líneas. Estoy dispuesta a asumir ese riesgo. En mi infinita bondad, les aconsejaré a todas mis amadas lectoras, esas, que de pronto no tienen el alma tan negra como nosotras… que se apeguen a su ingenuidad, que no le cierren tan parcialmente las puertas a las historias de película como ya nosotras lo hicimos… Quizás y como mis pronósticos siempre lo dirán, el príncipe vuelva a ser sapo, pero por lo menos, conserven la fuerza para seguir intentándolo. Nosotras, ya la perdimos… Pero siempre nos quedaran, las aventuras furtivas, las relaciones problemáticas, los amores platónicos y nuestros dos expressos…

xoxo

-M

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