¡Ellos!… y sus procesadores lentos.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me senté frente a un computador a contarles de mis penas. Tanto, que estoy frente a otro computador, en otra ciudad y en otro país… Pero eso, ya no merece ser explicado, forma657b9a6ee421cd22423ef493190bd186
parte de mi condición de prófuga de la realidad.

El caso es que por eso de los azares del destino, desde que volví a ser habitante de la ciudad de las montañas,  empecé a frecuentar un chico del pasado. De un pasado casi olvidado que sólo venía a colación durante largas conversaciones de media noche con mi media mitad, cuando los temas se agotaban. A manera de reproche, ella solía recordar aquella vez que ese flacuchento me parecía lo más guapo de la ciudad y me causó más problemas que placeres. Juro que el reencuentro no fue premeditado, sólo sucedió. Una de mis amigas nos juntó y como las malas costumbres tienen memoria, me vi envuelta en las sabanas de ese hombre que antes había pensado nunca volvería a ver. Conociendo al personaje como le conocía, no tenía ningún tipo de expectativa, estábamos pasándola bien y yo me concentré demasiado en racionalizar las cosas para evitar eso de los sentimientos involucrados.

La táctica me funcionó… o al menos eso quise creer. Mantuve los encuentros en un perfil muy bajo, los mensajes de texto reducidos a concretar dichos encuentros y la mente en otras cosas y… otras personas que iban y venían. Pese a todos mis esfuerzos, el tiempo que dejé pasar manteniendo eso a lo que no se le podía poner nombre, hizo sus estragos. Cosa que me l5af8faa07b958395cc31f120d3872ca6levó a determinar una nueva de mis tantas filosofías de vida: los enredos casuales deben caducar después de los tres meses o se convierten en desastre. Entonces muy decidida y con todas las resoluciones de año nuevo que hice encima, le juré al mar que iba a sacar ese humano de mi vida, que no gastaría más energía en él y que le abriría paso a nuevas personas, mejores o peores, pero nuevas.

Si ustedes después de leer tantas de mis locuras creen saber que no cumplí… están en lo cierto. Mi resistencia duró poco más de un mes y hoy seguiría incumpliéndole mi promesa al mar de no ser porque un evento extraordinario sucedió y ese hombre, abandonó la ciudad de las montañas de manera repentina. Entonces él, desde el otro lado del continente, tuvo una idea brillante y me declaró su amor. Yo he vivido cosas innecesarias en mi vida… muchas y esta. Preferiría seguir creyendo que es un hombre de hielo y no simplemente un cobarde. Para mí, las cosas deben ser a tiempo o simplemente no ser… y como este chico y yo tenemos tan desfasados nuestros tiempos… creo que me quedaré aquí, esperando la próxima víctima de mis historias e intentando encontrar un momento libre en la agenda de mi media mitad para tomarnos esos dos expressos que tanto nos gustan…

Me alegra estar de vuelta.

-M

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