Dejamos de ser amantes para…

Recibí un mensaje de whatsapp:

242219_636x357“sé que me odias pero sólo tú me puedes responder esta pregunta”… Seguido de esto, un junte de palabras rebuscadas para expresar una duda fashionista que cualquier novata habría podido responder. Haciendo caso omiso al toque dramático con el que había empezado la conversación, le di rienda suelta a mis consejos de moda mientras intentaba continuar con mi jornada laboral. Entre un mensaje y otro, surgían cosas como: “vos ya no me querés” o “me tenés que demostrar más amor”… Tuve que decir en algún momento que había regresado demasiado protagonista de novela de la capital mexicana, algo en el aire contaminado lo había afectado, quizás. No puedo negarlo, estaba disfrutando de la puesta en escena. Significaba que el cambio en mi actitud había sido lo suficientemente evidente como para que quisiera hacer reclamos. Finalmente agradeció las sugerencias y sin más preámbulos dijo: “Veámonos”

Era una semana extremadamente particular para mí, cosa, que en gran parte me hizo acceder al encuentro, a ese, que tenía meses evitando. A pesar de que muchas cosas habían cambiado desde la última vez que estuve en la cama de ese hombre sin alma a hoy, tenía mis dudas con respecto a cuál sería mi reacción al verlo. Ya lo he dicho en repetidas ocasiones, los malos hábitos tienen memoria y tal como me lo recordó mi hermana recientemente, hace poco estuve derramando lágrimas de ira por sus declaraciones de amor inoportunas. Sin embargo, ya había aceptado, no había vuelta atrás.  A eso de las 4 y 30 de la tarde, recibí otro mensaje que pedía la confirmación absoluta de la cita que habíamos pautado antes. Este tipo de cosas nunca sucedían… “Con vos, nunca se sabe”, dijo. Yo me sorprendí un poco y volví a pensar en las posibilidades que me depararía el destino al verlo. Entonces y como una revelación, descubrí que no me había preocupado en todo el día por revisar el outfit con el que atendería a aquel llamado. No estaba mal, un look monocromático y un tanto rock glam me acompañaba, respaldaba bien mi postura ante aquel flaco desalmado.

on_the_bench_by_thefeelingbehindthisEn uno de esos lindos lugares de la ciudad, sentado en una banca, estaba él esperando. No pude recordar la última vez en la que había sido él quién esperara por mí. Las cosas fluyeron con algo un tanto parecido a la naturalidad. “Vámonos a vivir juntos” dijo, casi con el mismo tono con el que minutos antes me había dicho que fuéramos por unas cervezas. No me pregunten qué cara hice al escuchar tal propuesta, sólo sé que solté una carcajada nerviosa. Me contó que había vuelto a la ciudad de las montañas persiguiendo un viejo amor y que el idilio le había durado menos que el vuelo internacional que tuvo que tomar. “No todas las mujeres son como vos”. De nuevo, tuve que reír. No tenía otra alternativa. Hablábamos con tanta propiedad el uno de la vida del otro a medida que los minutos pasaban y los temas se mezclaban que no pude evitar sentir alegría de haber asistido al encuentro. Mientras comíamos cositas muy callejeras, él dijo: “Yo sé que tienes a alguien”. Yo lo suponía. En realidad mi teoría era que precisamente pensar que había alguien más era la razón por la que él hacía cosas innecesarias. No dije nada. Él continuó: “mi roommate te ha visto”. No me sorprendía, lo que me sorprendió fue la manera en la que yo solté la gran verdad que rondaba en mi mente por esos días: “El amor es algo muy difícil”.

Todo se tornó filosófico o como en chiste le dije a mi media mitad, muy espiritual. Sus consejos eran sabios, increíblemente sabios. Sus percepciones sobre mí, bastante acertadas. Sus recomendaciones de meditación, efectivas. Resultó que cuando dejamos el enredo de sábanas de lado, teníamos muchas más opiniones de la vida en común de lo que antes sabíamos. “Es usted una muy buena amiga” dijo al despedirnos. Me tomó un par de horas asimilarlo pero a partir de ese momento entendí que ese esporádico amante no tenía que ir al hueco oscuro de los ex… Podía pasar oficialmente a la categoría de los amigos y ahí espero que se quede por mucho tiempo. Quizás así, logremos por fin tener una relación estable. Tan estable como la que yo tengo con mi expresso doble…

-M

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