Para ustedes, los enamorados que matamos para convertir en amigos.

Hace varios días que no tengo tiempo ni para pintarme las uñas, una tragedia. Sin embargo, de vez en cuando tengo 3 o 4 minutos libres que utilizo sabiamente para pintarme las uñas, hablar por teléfono con mi mamá o textear en un grupito que tengo en Whatsapp con unos amigos. Y como no les voy a contar en esta oportunidad sobre los colores que me gustan para las uñas, ni de los chismes que me cuenta mi mamá, les voy a contar de mis amigos los especiales.

Yo les advertí que iba a escribir sobre ellos, no voy a publicar sus nombres, ni sus edades, ni las direcciones, ni sus números de seguridad social, sólo voy a publicar un poquito de realidad mezclada con un poquito de ficción.

Yo creo que siempre que un hombre y una mujer se conocen tienen que tomar una decisión: ¿Le voy a echar los perros o no? ¿Me voy a dejar echar los perros o no?; Nuestros amigos llegaron a nuestras vidas por ser amigos de unos amigos y volvieron a llegar y volvieron a llegar, nosotras estábamos resistiéndonos un poco a esa relación, tal vez porque ellos habían tomado una decisión y nosotras otra, o porque simplemente estábamos muy ocupadas resolviendo nuestros dramas individuales y no sabíamos lo que venía con ellos. Resulta que nuestros amigos especiales y nosotras, nos conocimos en la ciudad de los sueños, meses después descubrimos que vivíamos a dos cuadras de distancia, que nos gustaba la misma música y las mismas películas.

Finalmente mi media mitad y yo les dimos la oportunidad de entrar en nuestras vidas y 807b7dbec57a17e79db1878d4de068b2ellos nos abrieron las puertas de su casa, las puertas de los cuartos, de los baños, las ventanas, todo… Empezamos a tener reuniones nocturnas post jornada laboral, todos nos quejábamos en conjunto, empezamos a cenar una o dos veces a la semana, a escuchar música y cantar juntos, a salir a deshoras a tomar café o comer pizza, a dar una vuelta por las calles, a tocar las ventanas y no los timbres, a montar bicicleta, patines, a burlarnos los unos de los otros, hablábamos de temas desagradables, hicimos una pandillita, revelamos secretos y no tan secretos, cosas que uno le cuenta a los amigos de verdad, a unos amigos especiales.

Entonces, cuando un hombre y una mujer se conocen, tienen que tomar inevitablemente una decisión, nosotras tomamos la nuestra y ellos la suya. Tal vez perdimos la oportunidad de tener unas potenciales relaciones sentimentales, pero ganamos unos grandes amigos. Ahora por cosas de la vida y no porque así lo queramos, estamos regados en diferentes lugares del mundo, pero yo, personalmente, sigo recordando cualquier día que compartimos como si fuera ayer y siento en mi corazón que los voy a ver mañana o pasado mañana, que pronto voy a tener una llamada de cualquiera de ellos para decirme que cocinemos o veamos una película de terror o que vayamos a tomarnos algo.

Hoy, varios meses después de la última vez que nos vimos (cuando yo tenía el delineador regado por toda la cara de tanto llorar y no me daba pena porque estaba con mis amigos), seguimos hablando babosadas desagradables, compartiendo triunfos y derrotas, soñando con volvernos a ver, reírnos todos del mismo chiste al mismo tiempo, asustarnos y abrazarnos, vivir cerca otra vez y agotarnos la paciencia entre todos con chistes demasiado malos.

Yo no sé ustedes, los demás, pero yo estoy muy orgullosa de haber matado esos enamorados para convertirlos en mis amigos.

PD: A ustedes amigos, cuando me lean: Los quiero. Todo es mitad realidad mitad ficción.

C.

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